martes, 20 de septiembre de 2016

Un adiós


Desperté en medio de la noche sintiendo tu ausencia oprimir mi pecho desnudo. El costado de tu cama estaba tan frío como tus besos este último tiempo. Intenté en vano recordar momentos hermosos... no había ninguno que valiera la pena. Sólo pude traer a mi memoria el día en que te conocí. ¿Recordás, amor, esa lluvia inoportuna? Tal vez aún la sientas en tu rostro como yo lo hago. ¡Fue tan intenso mirarte y sentir que no estaba sola en este mundo! Me dejé llevar por tus palabras adornadas y tus frases profundas, sin embargo, tu mirada decía más que todo eso, dejándome cautiva de tu esencia. En mi vida fuiste luz y oscuridad al mismo tiempo. Fuiste el espejo donde se reflejaron mis deseos y frustraciones, mi pasión, mi calma y hasta mi inseguridad. Juro que hubo un tiempo en el que la palabra "amor" parecía no abarcar por completo mis sentimientos.

Ahora observo tu lugar vacío y quisiera que vuelvas para amarte como lo hice alguna vez o tal vez como nunca supe hacerlo. Pero puede más mi deseo de saber que en algún otro lugar, quizás en otros brazos, logres esa felicidad que te fue negada al conocerme. Y en ese deseo se esconde mi dicha y la esperanza de encontrar lo que siempre busqué al verte esa noche, bajo esa fría lluvia de otoño.


viernes, 27 de noviembre de 2015

Me duele Argentina en el alma.



Hoy me duele mi país, porque cualquiera que piensa distinto es un paria.
Me duele mi país porque la gente está cansada.
Me duele mi país porque está partido en dos.
Me duele por los niños que mueren de hambre, presos del olvido.
Me duelen los pueblos originarios, ignorados, famélicos, víctimas de la desidia de unos pocos.
Me duele la educación paupérrima y facilista.
Me duele la violencia, la inseguridad.
Me duele la falta de trabajo.
Me duele mi bello país , perdiendo riquezas en manos de unos cuantos.
Me duele en el alma pensar que se nos están muriendo las ganas de avanzar.
Me duele que nos sepamos reconocer errores y aprender de ellos.
Me duele la soberbia.
Pero más me duele la resignación, la brecha que nos separa, las ironías, la "resistencia", la información manchada, los apodos infames, las palabras hirientes, la falta de empatía...
Hoy me duele Argentina en el alma...





miércoles, 10 de junio de 2015

Los de afuera son de palo.



A menudo nos encontramos con este tipo de historias repetidas: algún familiar o amigo de tu pareja "no te quiere" o alguien de tu familia o  amigo "no quiere a tu pareja". Bien; mentiría si no les dijera que el 70% de mis conocidos tienen o han tenido problemas con alguien relacionado a su pareja (hasta yo los he tenido). Generalmente los motivos no son claros. De hecho, no estamos hablando de una pareja en la que existe violencia de género, infidelidad, problemas psicológicos, etc (casos en los cuales, estaría justificado que se metan, opinen y hasta denuncien). Estamos hablando de personas que se empeñan en introducir sus narices en las relaciones de sus familiares, sólo porque a ellos no les agrada con quién está su ser amado.

En esto voy a ser muy tajante porque considero que las relaciones sentimentales se hacen de a dos:


                                                "LOS DE AFUERA SON DE PALO".


Son de palo porque en cualquier relación, hay dos que aman y el resto, si no ayuda, estorba. Son de palo porque quien vive ese amor son los directamente involucrados. Son de palo porque lo que sea que a ellos les moleste, evidentemente a vos no y por eso lo/a seguís eligiendo. Son de palo porque, cuando decidís formar familia con alguien, sos vos quien se hace cargo de las consecuencias. Son de palo porque nadie puede decirte a quién amar, a quién elegir, con quién transitar tu vida. Son de palo porque los errores de esa persona te los bancás solo/a.


Escucho personas día a día quejándose de la intromisión de sus familiares y/o amigos, sufriendo horrores por esto y hasta separándose por el mismo motivo. No dejo de preguntarme: ¿Desde cuándo le damos tanto poder a los demás? ¿desde cuándo nos afecta tanto lo que digan o piensen personas que no viven ese amor? ¿somos tan inseguros de nosotros y de quienes amamos como para dejar que alguien destruya lo que con tanto amor construimos?.

Creo que en el momento en que decidamos hacer oídos sordos a las críticas malintencionadas, podremos sacar en claro que se es más feliz sin darle cabida a los demás. Cuando una pareja está bien consolidada, no debería importar lo que se hable afuera. El amor es una elección mutua, las familias se forman porque dos personas decidieron emprender un camino juntas y el "ruido de fondo" debería ser solamente eso... ruido. Aprendamos a dejar de lado todo eso que nos impide ser felices con quienes nos aman de verdad. Aprendamos a no enfocarnos en el afuera y sí en las bases de un sentimiento que existe sólo de a dos.


miércoles, 3 de junio de 2015

#NINGUNO MENOS



Se está gestando algo grande. Algo que debería incluirnos a todos. La gente se moviliza para protestar en contra de los femicidios. Pero, ¿de quién es la culpa de tantas muertes?. ¿Del hombre?, ¿de la mujer?, ¿del Estado?, ¿de la Iglesia?.

La historia se repite: una mujer conoce a un hombre, se enamoran, el hombre la insulta, ella lo perdona. El hombre la humilla, ella lo perdona. El hombre la golpea, ella lo perdona, el hombre la mata... no queda más nada por perdonar.

Es culpa del hombre: que insulta, que humilla, que golpea, que mata. Pero también es culpa de una mujer que permite, que perdona, que baja la cabeza en pos de "mantenerlo a su lado". Existen (y son mayoría) hombres buenos, honrados, cariñosos, excelentes padres, trabajadores. Pero eligen al otro, al que las maltrata, al que las reduce a un mero trofeo de guerra. Se quejan de los hombres, pero hacen de todo para atraerlos, para mantenerlos interesados mientras ellos, de a poco, las matan por dentro y por fuera.

Pregonan libertades que no saben mantener y les dicen "sin vos no soy nada". ¿Desde cuándo no somos nada sin ellos?. Nacemos solas, deberíamos saber vivir solas también, de hecho, también morimos solas, ya que no conozco ataúdes de dos plazas.

Estoy completamente de acuerdo con la marcha, pero creo que debería ser a favor de la vida en general. Porque no sólo mueren mujeres día a día. Mueren hombres, niños, ancianos, animales y no lo vemos. La violencia está tan arraigada en esta sociedad enferma, que no la distinguimos. Elegimos la violencia en la tele, en la calle, en el fútbol, en las escuelas y es esa misma violencia la que gesta más muertes que no vemos o no queremos ver. Nos molestan los dobles discursos ajenos cuando vivimos en constante contradicción con nuestra propia voz. No queremos más "femicidios". Yo diría: NO QUEREMOS MÁS VIOLENCIA, ODIO NI MUERTE. La muerte no discrimina ¿porqué nosotros sí?. Mirar para otro lado también es matar.

Creo que la cosa va mal desde que nacen nuestros hijos, ya que si elegimos decirles a nuestras hijas que el rosa es su color, que no pueden ensuciarse, que tienen que ayudar en las tareas del hogar (en contraposición a sus hermanos varones), que las muñecas son de nenas y las pelotas de nenes. Si les decimos a nuestros varones que llorar está mal, que tienen que jugar al fútbol, vestirse de azul y no ayudar en casa porque "eso es de nenas". No nos quejemos de las consecuencias. Ese niño que desde pequeño coartaste, va a crecer con la firme idea de que lo correcto es hacer "cosa de nenes, de machos". Esa niña a la que vestiste de rosa y sólo enseñaste cosas "de nenas", va a crecer pensando que es lo único que merece.

El cambio debe venir desde la cuna. La familia y la escuela debe comprometerse a no discriminar, a permitir libertades de pensamiento y expresión. Debe enseñar a discernir, a no discriminar, a crear conciencia, a respetar las opiniones, pensamientos e ideologías de todos por igual. El Estado debe asegurar la igualdad de derechos, con leyes firmes que nos protejan, con gobernantes comprometidos con todo el pueblo. Tal vez así, podamos lograr un verdadero cambio. Tal vez así, nos dejen de matar.

Creo que es hora de alzar la voz por todos aquellos que ya no la tienen. Por todos aquellos que nos dejaron, por todos aquellos que agonizan gracias a que permitimos que venza el odio, la indiferencia, la violencia y la discriminación. Ahora sí, les pregunto ¿se comprometen a sacarse la venda de los ojos y luchar por la vida de todos?.

#NINGUNO MENOS


lunes, 1 de junio de 2015

Mi opinión acerca de las empresas multinivel.


 ¡Cuidado, estafadores sueltos! 



Hace poco, se comunicó conmigo una conocida para ofrecerme lo que, según ella, era un “negocio redondo”. Cuando le pregunté de qué se trataba, me dijo que no podía decirme, que tenía que ir  una reunión. Le insistí, me repitió lo mismo. Fui a la bendita reunión sabiendo lo que me esperaba, pero creyendo que, si estaba equivocada,  podría tratarse de algo real que estaba dejando pasar.  Al llegar, me sorprendió que fuera en un lugar no apto para este tipo de encuentros y que el mismo se encontrara  llenísimo.
Al sentarme comenzó la “presentación” (adoctrinamiento del más descarado) donde te convencían del “negoción de tu vida” de las ganancias, de los beneficios, de la libertad financiera, etc. Para ganar, tenías que meter a más personas. Supuestamente por cada persona que ingresabas, las ganancias aumentaban. ¿Y el producto? Bien, gracias. Del producto se hablaba poco y nada. La charla consistía principalmente en: tratar de convencerte de que no era un sistema piramidal; de la trayectoria de la importantísima empresa (primera vez en mi vida que la sentía nombrar) y los miles y millones de pesos que ibas a terminar ganando (a esto se le sumaban los viaje lava-cerebro que podías ganar si metías gente  a lo loco). Por dentro reía porque me encontraba ante una situación que me resultó muy familiar, ya que mis viejos se vieron envueltos en un negocio similar (Relevance) hace muchos años, por el cual jamás llegaron a ganar guita a lo loco, pero sí resignaron su tiempo con nosotros y casi rompen su matrimonio.

Una de las cosas que me sorprendió más fue la cantidad de gente que asentía, sonreía y se mostraba asombrada por la charla. Me pregunté si era por necesidad, por ignorancia o simplemente por estupidez, pero a las claras se veían entusiasmados por la idea presentada. Me fui temprano (tenía la excusa perfecta, mi pareja se tenía que ir). Llegué a casa y me puse a investigar. La empresa mencionada tenía, en efecto, una trayectoria de años en países de Europa, Asia y América del Norte. Países en los cuales ya no tenía solvencia, por lo cual, debían expandirse para poder seguir creciendo. ¿Y qué mejor que expandirse hacia estos pagos? Donde mucha gente busca en “dinero fácil” en vez de romperse el lomo trabajando.  

Caer en este tipo de sistema de ventas es muy riesgoso. En principio, debés invertir una importante suma de dinero y para recuperar (y superarla) prácticamente tenés que ocupar todo tu tiempo y esfuerzo en  meter más personas. Negocio redondo en efecto, ya que, para ingresar, sí o sí hay que comprar todo el kit de “productos mágicos”, los cuales son carísimos. Dudo seriamente que te den garantías de reembolso por si algo sale mal. Me da pena que hayan personas que crean estas mentiras, pero más pena (y bronca) me da, que hayan otros que jueguen con la necesidad de la gente. Aprendan de los errores de los demás, aprendan a escuchar y no se dejen llevar por palabras con mucho adorno pero sin sustento alguno. No dudo que hayan algunos que ganen plata con esto, pero son los menos. Este tipo de “negocio/secta” es muy peligroso. Podés perder dinero, tiempo y hasta tu círculo de familiares y amigos, ya que todo aquel que no piensa como vos, se transforma inmediatamente en “enemigo” (de ahí el concepto de “secta”) que, si estoy equivocada, entonces ninguno de mis conocidos y/o amigos me eliminará de entre sus contactos por escribir esto.  

Ojalá esta nota sirva para que sepan despertar y despegarse a tiempo de algo que, lejos de beneficiarlos, podría hundirlos en lo más profundo.

A continuación, les dejo un link para que puedan leer diferentes experiencias y datos precisos para que estén informados:



martes, 28 de abril de 2015

Llueve en la ciudad.



Miro por mi ventana empañada: afuera llueve y hay neblina. 
El mundo parece más lento, pausado, con menos fuerzas que ayer.
hay pequeños rastros de humedad en mis pupilas.
La nostalgia aparece, sigilosa y prepotente a reclamar un lugar en mi alma.

Los recuerdos se mezclan con el gris de las nubes.
Allá en lo alto, todo parece estar lleno de silencio, 
acá abajo el aire es más denso, impuro, asfixiante.
Mi ser entero se empapa de tiempos pasados.

Las imágenes galopan en mi mente como aquellos caballos en la orilla.
¿Recordás, amor, esos los caballos salvajes?
¿Los que, con su sonido armonioso nos regalaron música de fondo?
Espero nunca olvides el calor de esa tarde, aún es abrigo en mis noches frías.

Lo juro, intento olvidarte, pero es más fuerte este sentimiento que me ahoga,
estas ansias de abrazarte otra vez, como si nunca te hubieses ido.
Luego vienen a mi cabeza las peleas, las traiciones, los momentos amargos.
Y me gana la bronca de esos días, de esas noches de lágrimas y desconsuelo.

Entonces, mi corazón susurra que te deje ir, 
y lo hago, juro que lo hago... 
hasta que vuelve a llover en la ciudad.





viernes, 3 de abril de 2015

Soy mamá... ¿Ya no soy yo?



A veces por decisión propia, por imposibilidad de conseguir un trabajo fuera de casa, por un acuerdo con nuestra pareja, etc... nos encontramos siendo "mamás tiempo completo". Nos dedicamos a nuestros hijos, al hogar, a nuestros esposos. Y en esa tarea, nos vamos perdiendo un poco. Nos olvidamos de nuestros propios sueños, metas y pasiones. Nos dedicamos a los proyectos familiares, sin pensar por un instante en lo que queremos lograr como individuos. Nos consume estar atentas a las necesidades ajenas y dejamos las nuestras para "después". Y  ese después, a veces, no llega nunca.

 Esto puede acarrear muchas complicaciones, como: cambios de humor, bajones anímicos, sensación de "desarraigo". Culpamos a nuestras parejas, a los niños, a los perros y hasta a la vida misma por todo lo que nos pasa. Sin pararnos a pensar que, con cada decisión viene una consecuencia que debemos afrontar. Ocuparnos de nosotras con el mismo fervor con el que nos avocamos a nuestra familia no es tarea fácil, pero es absolutamente necesaria. Hacernos un tiempo para cuidarnos, para comenzar un emprendimiento (o retomar uno antiguo), buscar trabajo fuera de casa (si es lo que queremos),  realizar trabajos manuales, salir con amigas, hacer ejercicio, empezar terapia, (y un largo etcétera); pueden ser actividades que nos salven de caer en esa sensación de "desposesión" de una misma. En esto juega un papel principal el papá. Quien, con su apoyo para que podamos arrancar, el compartir todas las tareas del hogar y el cuidado de los niños, nos proporcionarían un buen margen de tiempo para dedicarlo a reencontrarnos con nuestra verdadera esencia. Al fin y al cabo, la familia es el resultado de dos personas y de igual manera lo son las responsabilidades que ésta conlleva.


De todos modos, considero que lo primordial en todo esto es el darse cuenta, el despertar del letargo. Nadie puede sacarnos de este estado si nosotras no queremos salir. En vano son las palabras y consejos de personas que no conocen nuestra situación. Primero hay que empezar a querernos, a cuidarnos, para así enfrentar las tareas que, por decisión propia o por necesidad, nos propusimos lograr.

No quiero con esto ponernos en un papel de "víctimas" de la vida. Cuando somos adultas y nos proponemos comenzar algo, debemos saber que lo que viene después, es totalmente nuestro deber.

Dejemos de culpar a los demás por un destino que nosotras mismas creamos y empecemos a percatarnos de que, para ocuparnos de otros, primero debemos ocuparnos de nosotras. Porque nos lo debemos y merecemos.


Al fin y al cabo, ser madre no debería ser una carga, sino una hermosa tarea que nos de más satisfacciones que sacrificios.



miércoles, 4 de marzo de 2015

Un gran desafío. "Mamá coraje".



Es mi intención derramar algunas palabras acerca del desafío que implica ser madre separada. Leí una nota referida a las madres solteras, excelentemente desarrollada por un escritor al cual admiro mucho. Esta es la nota en cuestión: http://www.elmendolotudo.com.ar/2015/03/04/madre-soltera-guerrera-incondicional/

Si bien él se refirió a las mamás solteras, yo quiero abordar esta temática desde otra perspectiva: las mamás separadas, las que tuvieron un hombre a su lado, un papá para sus criaturas.

Llegado un punto en la relación se produce un quiebre, una ruptura definitiva. Pueden ser terceros, puede que se termine el amor, pueden ser miles de cosas. Lo que sí es seguro es el "hasta acá" que acarrea un sinfín de traumáticas situaciones, no sólo para la pareja, sino también para los niños.

Pero esta nota quiero que se trate de ellas. Esas mujeres que se desviven por sus hijos, a pesar del desafío que implica hacerlo sola. Dividirse en mil partes para poder estar en todos lados. Cumplir horarios de trabajo, pensando siempre en ellos. Salir tempranísimo y volver de noche a casa, perdiéndose etapas en la vida de sus seres más amados. El problema es que este mundo a veces carece de empatía, de solidaridad, de ponerse en la piel del otro. Y ahí es cuando aquella madre, que se desloma por hacer todo lo que le corresponde, siente la presión de sus empleadores, de sus pares, de su gente. Faltar al trabajo por cuidar a un hijo enfermo puede ser causal de críticas durísimas a las que se ven sometidas.

Escribo esto pensando en una amiga que la pelea día a día, que es condenada por muchos por tener que dejar a sus hijas para cumplir con lo que le corresponde. Esta "mamá coraje" es, sin dudas, una guerrera, una luchadora incansable, pero, paradójicamente, a veces se cansa... Se cansa de estar en el ojo de la tormenta, de aguantar presiones, de sufrir por no poder vivir cada paso del camino con ellas. Admiro profundamente a todas ellas, incluida mi mamá, que tuvieron que forjarse un camino arduo, una difícil tarea, la de asumir ser mamá y papá. La de estar presente aunque sientan que no lo están. La de desafiar al mundo sabiendo lo que cuesta ser partícipe de una realidad que no acompaña. A ellas va mi mayor admiración y mi más profundo respeto.

Nunca olviden que los sacrificios que hoy hacen, son semillas que crecerán y darán sus frutos. En el corazón de cada uno de sus hijos, yace la certeza de que, con esfuerzo, todo es posible.


jueves, 19 de febrero de 2015

Todos somos Argentina.



De un tiempo a esta parte, he notado una grieta enorme dividiendo inevitablemente a nuestro país. He visto cómo las palabras se han ido endureciendo, los humores caldeando y las personas perdiendo la esperanza de una tregua, de un momento de paz.

Allá afuera el mundo está en guerra. Guerras reales, con armas, sangre en las calles, ruidos de bombas, tanques, etc... Se me ocurre pensar que es aún peor la guerra que sufrimos los argentinos día a día por estar "de un lado o del otro". Es notoria la violencia con la que nos conducimos para dejar en claro nuestras ideas políticas. Entristece ver a los ciudadanos golpeándose el pecho por defender uno u otro argumento.

Sos "golpista" o sos "choriplanero", no hay otra. ¿Es tan así? ¿realmente una persona que no está conforme con el gobierno quiere destituirlo a toda costa? ¿o será que todos los que lo apoyan están cobrando algún plan o comiendo un choripán por decir lo que piensan?.

Duelen muchas cosas que están pasando en nuestro país: duele la inflación, la inseguridad, la desigualdad, la pobreza, la injusticia. Duele Nisman porque nos da miedo la muerte impune, las desapariciones. Nos da miedo que algún día sean nuestros seres queridos los perseguidos, los borrados del mapa, los acallados por salir a defender algo, o no... simplemente por salir a la calle. Duelen los niños que mueren de hambre, los que piden en la calle, los que mueren de frío y de dolor por la desidia de aquellos que deberían protegerlos.

Duelen muchas cosas, pero sobre todo duele que no podamos debatir sin insultar, que no podamos defendernos sin atacar. Duele que un país que supo salir de las peores crisis, no pueda levantar cabeza y tirar para un mismo lado. Lastima la incertidumbre y la impotencia de no poder cambiar las cosas que no nos agradan. Pero duele mucho más que esto, el que no podamos dejar de mirarnos el ombligo. El de al lado (con sus diferencias y similitudes) tiene tus mismos derechos y debería gozar de las mismas oportunidades que nosotros. Debería tener un futuro, como vos y como yo. Pero no lo notamos, porque estamos más preocupados en pelearnos entre nosotros mientras todo se va a pique.

Tal vez sea hora de luchar por nuestros ideales con entereza y sin herir al que no nos acompaña. Deberíamos poder sentir empatía por el de al lado, en vez de caer en la crítica burda que no suma. El derecho de expresarnos lo tenemos, el tema es poder utilizarlo con respeto.

Deseo que alguna vez aprendamos a amar este país y a defenderlo ante todo. Ojalá no sea demasiado tarde.





jueves, 12 de febrero de 2015

"50 Sombras de Grey." Mi humilde opinión.



Comienzo esta crítica aclarando que, la misma, no intenta defenestrar a la autora o a los lectores de la trilogía, sino volcar ciertos pensamientos que me generó el libro en cuestión. La presento dividida para no perder el hilo e ir punto por punto.

                                         
                                                LA SUMISA COMO "IDEAL" DE MUJER.


Confieso que el primer libro me lo devoré (llamémosle aburrimiento, curiosidad, lo que sea). Me llamó la atención que una muchacha timidona e insulsa se levante a un multimillonario que no llega a los treinta años (un tanto fantasiosa la escritora en este punto). No sólo se recalca en todo el libro la sumisión de la misma, sino lo "frío" del carácter del personaje masculino. Yo me pregunto: ¿En serio se les hace atractivo un tipo que, por más que posea todo el dinero del mundo, las trate como un objeto decorativo, chato y sin vida propia?. Me resulta poco creíble el asunto, ya que la mayoría de las mujeres pregonan independencia de los hombres. Tal parece que, a la hora de la fantasía, nos volvemos amebas sin pensamiento propio que sólo esperamos al "príncipe azul" que nos lleve a la cama a fuerza de "palo y a la bolsa". No me cierra el tema. A mi parecer, hubiese sido más apetecible la historia si la sumisión hubiera sido sólo en la cama (y no todo el tiempo).



                                                                    EL SEXO.


No me explico cómo una chica virgen puede llegar al orgasmo con tanta facilidad como esta mujercita. En su vida la habían tocado, pero ella acababa como las más ávidas meretrices, sin que su "amo" tuviese que hacer esfuerzos. Otro caso de excesiva imaginación de la escritora.

El tema del sadomasoquismo (confieso que me llamó la atención al principio) no se desarrolla con totalidad en la historia, sólo resalta por ser lo que le cagó la cabeza al "Señor Grey". Tal parece que la autora no pudo volcar sus extensos conocimientos en el tema más que un par de veces. Al parecer el personaje de Anastasia era sumisa para todo, menos para las cachetadas en el poto. ¡Es de llorooooona la chica! Un tanto cansadora con las lágrimas.

A todo esto, me pareció que se podría haber ahorrado un par de revolcones, ya que no me resultaba concebible que una pareja tuviera tantísimo sexo por día. Se puede hablar, tomar café o mirar una peliícula entre medio, ¿no?.


                                          FRASES QUE SE REPITEN HASTA EL HARTAZGO.


"La diosa que llevo dentro" (por ejemplo). ¿Era necesario repetir tantas veces las mismas frases? se podría haber evitado un par y todos contentos. A continuación, un gráfico detallado de porqué me pudrieron tales expresiones: (Fuente: "EL HUFFINGTON POST").



EXPRESIÓNNÚMERO DE REPETICIONES
"Madre mía"142
"Ceño"155
"Labios"151
"La diosa que llevo dentro"60

Al parecer esta señora pensó que era divertido abusar de la aliteración en una novela. A mí, particularmente, sólo me parece atractiva dentro de una poesía, pero, reitero, es sólo mi punto de vista.

                                           
                                               HORRORES GRAMATICALES.


¿Cómo puede ser que una Escritora se ufane de ser tal, cuando no puede escribir coherentemente una página siquiera?. Es increíble la cantidad de faltas gramaticales, ortográficas y de coherencia que se encuentran a lo largo de la novela. A mí me resultó distrayente, no sé a ustedes. Si no fuera por todo el sexo, creería que lo escribió un niño de primaria.

Ojalá pudiera transcribir algunos ejemplos, pero son tantos que debería ponerme a leer los libros nuevamente. No pienso hacerme eso otra vez.


                                                               CONCLUSIÓN:


No entiendo tanto alboroto por la trilogía en cuestión. Si bien es algo "diferente" (no del todo, ya que la literatura erótica existe desde hace siglos), la historia en sí no sirve para respaldar tanto sexo. Se podría haber hecho de otra forma, por ejemplo, dándole al personaje de Anastasia, una vida un poco más interesante. Se podría haber equiparado algo los salarios, por ejemplo. Que Ana pudiera al menos comprarle un par de medias a su amado en vez de depender de él completamente. Creo que se subestimó la mente (y gustos) femeninos, a tal punto que, según los personajes, quedamos reducidas a ser una manada de babosas, insulsas e interesadas que, creo, no nos refleja para nada.

Me parece que deberíamos repensar un poco en lo que el libro representa, en vez de sumarnos a una masa de personas que, tal vez por curiosidad, quedaron atrapadas por una novela que nos deja mal paradas, que no posee riqueza literaria alguna y que sólo sirve para mitigar momentos de soledad.


Ojalá nadie se ofenda por esta crítica y que sea tomada como una mera opinión de alguien que no se sintió satisfecha (al menos en lo literario) con lo que sus ojos veían.











lunes, 9 de febrero de 2015

Querida autoestima.




Querida autoestima:

Te escribo porque hace mucho que vengo luchando por que seas enorme en mi vida. Desde muy pequeña luché contra la imagen que me devolvía el espejo, luché contra las palabras hirientes, contra la ropa de moda (que jamás era para mí). Contra esas fotos de mujeres flaquísimas que aparecían en las revistas; contra la vergüenza que sentía al salir con mis amigas. En fin, luché contra todo eso, intentando en vano caminar con la frente en alto, segura de mí misma y de mi cuerpo.

En la adolescencia descubrí el "amor" y esa persona (que jamás me correspondió) me decía que hiciera dieta, que bajara de peso para poder ser "linda". Allegados a mí me decían lo mismo; siempre "por mi bien", recomendaban dietas locas y ejercicios para que pudiera llegar a mi peso y dejar de ser GORDA (la palabra gorda resonaba en mis oídos y se sentía como un puñal en mi pecho). Así dejé de quererme, de a poco. Hice todo tipo de dietas, comía muy poco y hacía 500 abdominales por día para poder estar delgada, para ser lo que los demás querían que fuera. Sin pensarlo, queriendo cuidarme, me fui destruyendo por dentro ( y por fuera, ya que mi debilidad física era evidente).

Nunca pude tener por mucho tiempo una seguridad que me mantuviera erguida frente a los demás. Cada palabra hiriente, cada mirada de asco (¡sí, ASCO!) te iba minando un poco más a vos, querida autoestima. Los consejos se repetían, siempre en pos de mi "salud". A nadie le importaba mi salud en realidad; lo que ellos querían era estar al lado de alguien que cumpliera los estándares de belleza de una sociedad enferma.

Nadie sabe lo que duele, lo que cuesta mirarse al espejo e intentar amarse. Nadie puede aconsejar acerca de algo que desconoce y, aún conociéndolo, tampoco tiene el derecho de hacerlo si ese consejo no ha sido pedido.

Años más tarde, encontré a mi compañero de vida, un hombre que me conoció y aceptó tal cual era, tal cual soy. El problema era que, aunque él me veía siempre hermosa, yo no podía darle la razón porque vos estabas ausente, estabas escondida, apaleada, casi invisible dentro mío.

Me costó muchísimo aceptarme, fue (y es todavía) un trabajo diario que requiere mucho esfuerzo. Es difícil darse cuenta que lo que los demás opinen es cosa de ellos. Que la imagen que ellos ven, no es la misma que uno debería ver. Que nadie puede ser juez en la vida de otra persona, que el amor hacia uno mismo tiene que ser producto de un darse cuenta. Darse cuenta que nuestro cuerpo es NUESTRO y que lo que hacemos con él es cuestión netamente personal. Así que, querida autoestima, quiero que hoy y para siempre te quedes conmigo, porque me amo; amo mi cuerpo, mis marcas, mis imperfecciones, mis rollos, mis estrías y celulitis. Amo este cuerpo porque él es el instrumento para vivir mi vida y en él se guardan todos mis más hermosos momentos.

 Les dejo una frase que le escribí a una bellísima mujer:

"Nadie debería sentirse dueño de nuestra autoestima... Somos nosotros quienes les damos ese poder. Sos hermosa por dentro y por fuera. Sólo tenés que creértelo."





martes, 3 de febrero de 2015

Como niños.



No puedo evitar pensar que algo se ha perdido. Estamos tan obsesionados con el celular y las redes sociales, que hemos perdido la comunicación cara a cara. Estamos tan absortos en las cosas materiales que hemos perdido el valor de los sentimientos. Hemos dejado pasar muchas cosas buenas por esperar lo que creemos que nos hace falta.

Creo que los hechos hablan por sí solos: no es lo mismo recibir una joya que un abrazo, ni un celular se compara a un día al aire libre. A veces enchufamos nuestros hijos a la tele o la computadora para no tener que lidiar con ellos. Nunca hay tiempo para juegos, para charlas, para mimos. La frase "estoy ocupado" se volvió algo tan común que ya ni la registramos. En vez de abrazarlos, los alejamos. Es sabido que el amor es algo invaluable, pero tan escaso hoy en día, que nos cerramos a recibirlo. Veo mujeres esperando al "príncipe azul" sin valorar al hombre de verdad que quiere quererlas como se merecen. Otras se quedan enganchadas al que las maltrata, que se dejan usar como trapos de piso. Veo día a día cómo las personas se aferran a una mísera cuota de cariño por no estar solas, como si la soledad fuera algo a qué temerle. Yo le temo más al desamor.

Recuerdo mis tardes de niña (hace unos cuántos añitos) en las que jugar al elástico, a la mancha o a la escondida eran excusas para divertirnos durante horas. No necesitábamos enchufarnos a nada para ser felices, bastaba un "alto ahí" y los gritos y risas se escuchaban por doquier. ¿Cuándo perdimos la niñez? ¿cuándo dejamos de recordar los buenos momentos? ¿cuándo se convirtió en un "fastidio" jugar?. ¿Y si volvemos a ser niños por un rato?.

No permitamos que nos roben los sueños, que se nos marchiten las ilusiones, que se nos muera el amor verdadero, el amor de niños, el amor puro. Abracemos, cantemos, riamos, soñemos, como antes de ser "grandes". Los invito a jugar con el corazón limpio y la sonrisa tirante.





miércoles, 7 de enero de 2015

Secretos de mamá y papá...



Hay una serie de hechos que se dan en casi todos los embarazos:

-No te viene.
-Te duele todo.
-Mareos, náuseas, hinchazón.
-Test de embarazo o análisis positivo.
-Ecografías varias.
-Pataditas.
-Empezás a perder forma humana para convertirte en un zeppelin.
-Alguna vieja desconocida te toca la panza.
-Otra metida te dice TOOOODO lo que tenés que hacer.
-Alguna tía te dice que te cases, si estás casada, te dice que dejes el trabajo, si no tenés trabajo, te dice que no consigas uno, que "ya vas a ver que tu hijo te necesita más". Etcétera.

Seguro te dan mil consejos:

Que comas tutucas para la acidez; que aproveches a dormir antes de que nazca. A veces hasta te regalan un libro de 1972 que te dice todo lo que necesitás saber para esterilizar correctamente una mamadera de vidrio y lavar bien los pañales de tela.

Pero lo que no te dicen es qué va a pasar con la criaturita después de que nace:

No te dicen que en el instante en el que recibís ese paquetito de olores y llantos varios, tu vida cambia por completo.

No te dicen que un llanto suyo, te hará correr más rápido que Usaín Bolt en plena maratón.

No te dicen que vos, que antes te maquillabas hasta para ir al kiosco, vas a salir de casa a veces con caca en la remera.

No te hablan de las horas sin dormir porque le están saliendo los dientes. O que los agudos de tu criaturita serán la mayor tortura en esa época.

No te dicen que hay pañales con caca que van a hacerte romper récords en aguantar la respiración.

No te dicen que los vómitos de leche ahora serán tu más fina colonia en algunos eventos. (O de las remeras que perderás por no poder sacarles el aroma).

No te dicen que cuando aprenda a gatear vas a tener que tener mil ojos y el corazón en la boca cuando se aproxime al primer enchufe.

Que cuando diga "mamá" vas a desear estar usando vos pañales y babero.

Y así, mil cosas más... Como que el día en el que se quede parado por primera vez, vas a largar más lágrimas que con el final de "Grande pá". O que te va a revolver los cajones, las alacenas y la vida misma con sus juegos. No te van a decir que los mejores momentos de tu existencia van a ser a su lado, o que sus logros se convertirán en los tuyos. No te dirán que el primer regalito hecho con fideos lo vas a guardar como trofeo, suplicando que sea un niño para siempre. No te contarán las angustias cuando empiecen a salir, o las horas de exámenes que estarás pidiendo a todos los santos que por favor apruebe, o que el día de su boda vas a sentir tanta felicidad como él.

 Eso que no te dicen, es lo mejor y lo peor de ser mamá y papá... Que todo lo que alguna vez sufriste, valió la pena con sólo verlo sonreír.


viernes, 2 de enero de 2015

Te dejo mis viernes.




Armando mi triste maleta,
busqué entre mis cosas
algo qué dejarte.
No encontré tesoros,
ni casas,
ni muebles,
ni ropa.

Parecía no tener nada importante
nada más que mis viernes.
Mis viernes de angustias,
de desvelos,
de mirada cansada,
de sinceras preguntas.

Esos viernes eran todo lo que tenía.
Mis necesidades acumuladas,
mis noches afiebradas,
mis soles sin lunas.

Mis viernes son epítome,
principio, fin y moraleja
de esta historia terminada.

Así que, sin más qué decirte:
te dejo mis viernes de libros,
de risas sonoras,
de cervezas frías y charlas varias.

Te dejo mis viernes de congoja,
de felicidad arrebatada,
de llantos ahogados,
de palabras claras.

Te dejo mis viernes,
para que me recuerdes.
Y en ellos conserves
todo el amor que te tuve,
el amor que te tengo
y el que jamás se irá.

Te dejo mis viernes
pues nada puedo dejarte,
más que esta vida dedicada a amarte.



jueves, 25 de diciembre de 2014

Cuentos que les cuento antes de dormir.



                                                     La princesa que no quiso ser rescatada.




Había una vez, en un reino muy chiquito, un castillo donde vivían un Rey, una Reina y dos princesitas, la mayor, llamada Mora, y la menor, de nombre Lola. Mora había sido hechizada por una bruja malvada al nacer. La bruja les había dicho a sus padres que, debido a su belleza, no iba a permitir que nadie viera a la princesa hasta que la misma cumpliera dieciséis años y sólo podía ser liberada con el beso de un príncipe valiente. Caso contrario, la mataría. La hechicera planeaba que su propia hija se hiciera pasar por la princesa cuando ambas cumplieran esa edad y así poder reclamar el trono. 

La princesa creció encerrada en una torre, observando desde muy arriba cómo su reino crecía sin ella. Las personas que le daban de comer (sin jamás verle el rostro) sólo escuchaban su dulce voz, cantar tristes melodías. Pero eso no era todo lo que Mora hacía. En ese tiempo de encierro, pudo ir tomando fuerza y astucia (utilizando cualquier cosa que le ofrecían para entretenerse). 

Pasaron quince años en los que la princesita se preparó para torcer su destino. Un buen día, con las sábanas que le daban para cambiar, hizo una soga larguísima con la que pudo escapar. Tocó el suelo y una ráfaga de valentía la inundó. Corrió hasta internarse en lo profundo del bosque donde se construyó un refugio. Desde ahí, planeaba derrotar a la bruja malvada.

Los días pasaron y ella cada vez se sentía más libre. A lo lejos podía oír cómo sus padres la buscaban día y noche, pero su meta era acabar con la bruja y sus poderes. Para eso, acudió al hechicero blanco. Éste era un hombre ermitaño que vivía en el bosque y ayudaba a las personas con su magia. Una vez bajo su ala, pudieron organizarse para atacar la cabaña de la bruja. Llegaron de noche y  se escabulleron dentro del taller de la bruja. Allí pudieron armar una pócima que le quitaría todos sus poderes y los hechizos que había hecho a lo largo de su vida. 

Se disfrazaron de niños vendedores de golosinas y tocaron a su puerta. La bruja atendió de mala manera y les quitó la canasta entera. Esperaron hasta que se comiera los dulces y vieron lo que sucedía: los animales que la ayudaban, fueron regresando a su forma humana. Su fortuna se desvaneció y ella se convirtió en una anciana de aspecto horroroso y muy débil. Tan así, que se esfumó ante los atónitos ojos de su hija, la cual, habiendo perdido todo parecido con la princesa y viendo que no tenía otra alternativa, huyó muy lejos, siendo perseguida por las víctimas de sus hechizos. 

La princesa agradeció al brujo y prometió volver a visitarlo. Aquel estaba feliz de haberla ayudado y la abrazó, deseándole plena felicidad... Mora sabía lo que tenía que hacer para conseguirla. 


Regresó al castillo, abrazó a sus padres y les contó lo que había hecho. Ellos tenían planeada su boda con un príncipe heredero. La princesita, con firmeza les dijo: _ "Padres, sé que ustedes me aman y quieren lo mejor para mí, pero no quisiera haber salido de un encierro para entrar en otro. Un matrimonio y un reinado sólo lograrían que me sintiera presa otra vez. Mi deseo es viajar por el mundo"._ Dicho esto, se retiró a su habitación, transformó todos sus vestidos en pantalones, empacó sus cosas y se dispuso a viajar por el mundo. No sin antes, dejarle sus obligaciones y matrimonio arreglado a su hermanita menor, la cual prometió honrar sus deseos. Sus padres la abrazaron fuerte y con lágrimas en sus ojos, le desearon buena suerte. Ella prometió algún día regresar... 

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado... 




lunes, 22 de diciembre de 2014

Nuestras navidades...



Si algo quedó grabado de mi infancia, fueron las fiestas compartidas. Recuerdo cómo cada 8 de diciembre, el armado del arbolito era todo un ritual. Mi viejo puteaba porque las luces se enredaban (desenredarlas era su tarea, siempre). Mis hermanos y yo abriendo las ramitas y buscando los adornos. Ponerlo bonito era nuestra meta y con poco o mucho ¡siempre lo lográbamos!.

Luego recuerdo a mamá hablando largo rato con mis tías y abuelos para ponerse de acuerdo con la comida, bebida y demás. Recuerdo en nochebuena una mesa laaarga, mucha gente arregladita y manjares que siempre sobraban para el día después (el día de la fiaca, donde no había nada recién preparado, pero todo era exquisito). Recuerdo ir a misa cada noche, luego juntarnos, jugar con mis primos, cenar, abrir regalitos, mirar los fuegos artificiales brillar en el cielo. Los abrazos eternos, a veces con lágrimas. Las palabras de afecto que llenaban el alma.

Nunca fueron lujosos los regalos, o carísimas las cenas. Sólo éramos una familia disfrutando el nacimiento de Jesús. Recuerdo las risas (aún resuenan en mis oídos). Recuerdo las caras de felicidad. A mi nona en la cocina con mis tías. A mi abuela y su clericó... Los manteles decorados, las sonrisas siempre enormes.

Recuerdo haber pensado "ojalá siempre fuera navidad" y no porque en las demás juntadas faltara cariño, sino porque esa noche en especial, no teníamos reparo en expresarlo.

Hoy en día, la mesa es distinta. Algunos ya no están sentados, sino brillando a lo alto. Otros festejan en sus mesas con otras personas, otros se sumaron y se acoplaron a nuestra locura. Pero el amor sigue presente, como siempre, como cada fiesta, en cada detalle, en cada abrazo, en cada palabra hermosa.

No le pido a Dios volver a lo de antes, sé que es imposible. Sólo le pido que en mis hijas (en todos los niños de la familia) queden grabadas las mismas cosas. Que cuando sean grandes y busquen en su memoria, permanezcan esas imágenes de amor y sepan qué es lo que vale la pena celebrar...


                                                        ¡¡¡FELICES FIESTAS!!!








viernes, 5 de diciembre de 2014

Poner límites también es dar amor...




Anoche pensaba en un diálogo que tuve con un docente amigo. Hablábamos de ortografía y yo le remarcaba los horrores con los que escribían sus alumnos en su muro. Me dijo "Es que no sabés los problemas que tienen esos chicos en casa". Yo me pregunto: ¿Hasta cuándo la "inclusión" va a seguir siendo sinónimo de permisividad?, ¿porqué el alumno con una historia difícil debe ser excluido de seguir las reglas?. ¿No nos damos cuenta que les hacemos un daño permitiéndoles todo?. Sé que la docencia es un trabajo que exige mucho y también sé que los que tienen la noble tarea de enseñar, quieren hacerlo de la mejor manera. El problema viene de más arriba, de aquellos que flexibilizan las normas para algunos y terminan haciéndoles daño a todos. Cuando en la casa no hay una buena base y los niños se ven solos con todo, es ahí cuando alguien más debería poner un freno, hacerle respetar las reglas.

No se trata sólo de las reglas de ortografía (las cuales, cuando yo iba al colegio, corregían hasta los profesores de música y ahora parecen no importar demasiado); se trata del mensaje que les damos a las criaturas. Les estamos palmeando la espalda, creyendo que les hacemos un bien cuando, en realidad, el amor también se demuestra poniendo límites. Aquel que se esfuerza por ser mejor a pesar de lo que se vive en su casa, será excelente en lo que se proponga. Si no se le corrige ni una palabra mal escrita, ese niño crecerá pensando que tiene derecho de cambiar las reglas a su antojo, porque "su historia es triste". Hay millones de personas con historias horribles, que hoy están totalmente realizadas y felices. Porque supieron vencer a pesar de las dificultades. Porque nadie les regaló nada y el mensaje siempre fue "esfuerzo y recompensa".

Antes, a nuestros abuelos y padres, se les golpeaba en la escuela cuando hacían algo mal (hasta les ataban la mano izquierda en la espalda a los chicos zurdos, obligándoles a escribir con la derecha). Métodos aberrantes como estos son extremos y es obvio que nadie quiere que éstos regresen, pero a lo que hemos llegado hoy en día es, creo yo, mucho peor. Y con esto no justifico los golpes que daban antes, sino remarco la diferencia entre un mundo represivo y otro totalmente permisivo. Un mundo con demasiadas reglas (del cual los chicos salían sabiendo mucho, pero totalmente carentes de empatía) y este otro en el que los chicos no aprenden nada, ni siquiera las reglas básicas de conducta. Este es mucho peor, porque estamos mandando al mundo una generación de futuros líderes que creerán que se les está permitido todo.

No digo que no se los deba contener, pero contener no es sinónimo de apañar. Los límites que esos niños no reciben en casa deberían recibirlos de algún otro modo, o ese niño crecerá pensando que tiene derecho a exigir sin esforzarse, que la gente está obligada a darle todo. Ese niño crecerá sintiendo que todo le pertenece porque nadie le puso un freno. Las reglas son para todos iguales, en la escuela y en la vida. Aprendamos a respetarlas y hacerlas respetar. Yo, como madre, me comprometo a corregir a mis hijas y seguir poniéndoles límites; porque la educación comienza en casa.




jueves, 13 de noviembre de 2014

A esas madres que están "hechas mierda".


La otra vez escuché al pasar esta frase: "todas las madres del grupo están hechas mierda". No dejo de preguntarme un par de cosas:

¿Será que estar hecha mierda es sentir que tu vida, tu alma y tu corazón pertenecen a otra persona?

¿Estar hecha mierda es sentir que con un beso de tu hijo se curan todos los males?

¿Estar hecha mierda es tener ojeras por levantarte a media noche a controlar una fiebre?

¿Será que "desgasta" el despertarse por las mañanas con el único propósito de asegurar la felicidad de tu pequeño?


Si eso significa "estar hecha mierda" entonces, sí, lo estoy. Porque desde que mis hijas nacieron me olvido de maquillarme... o porque sé que con un abrazo de ellas, mi sonrisa compensa mi "dejadez". Será, tal vez, que quienes no son padres no entienden lo que es amar a alguien tanto que todos los besos del mundo no alcanzan para demostrarlo.

No soy perfecta en ningún sentido, pero que alguien pequeñito te mire desde abajo y te diga "te amo", basta y sobra para sentirme invencible.

Sé que hay personas que no entienden que una mujer no se arregle o no se corte el pelo muy seguido. Tal vez piensan que no nos damos el tiempo que esto requiere y tienen razón, porque nos importa más que ellos coman bien, que jueguen, que rían, que estén bien de salud, que no se lastimen. Nos interesa muchísimo más el bienestar de ellos y a veces nos dejamos de lado. No les pasa a todas, pero pasa. Veo mujeres trabajadoras, luchadoras incansables, exitosas y mamás también. Las admiro profundamente. Mi madre fue una de ellas... jamás se dejó vencer, siempre nos mostraba su mejor sonrisa. La recuerdo ayudándome a hacer la tarea de matemáticas con mucha paciencia y aunque yo clamara a gritos que odiaba esa bendita materia, a ella no le importaba. La recuerdo con el maquillaje corrido, cansada en la noche, haciendo la cena. La recuerdo cuidándonos durante cada enfermedad, a pesar de no haber dormido en toda la noche
.

A eso aspiro como madre. No a estar "diez puntos". No a lucir perfecta. Aspiro a ser como ella... y si ser como ella es estar "hecha mierda", pues ¡Bienvenido sea!

GRACIAS A TODAS ESAS MADRES QUE, PERFECTAS O NO, SE LA JUEGAN POR SUS NIÑOS. A TODAS ELLAS QUE LLEVAN LAS OJERAS, LAS ARRUGAS Y LAS CANAS CON MUCHO ORGULLO. A ELLAS QUE DEMUESTRAN QUE NADA ES IMPOSIBLE Y QUE CON FUERZA Y GANAS SE LOGRA TODO.

¡¡¡GRACIAS, MAMÁ POR ENSEÑARNOS TANTO!!!



miércoles, 5 de noviembre de 2014

¿Fracasar o intentar?




¿Qué es el fracaso? El diccionario dice: "El término fracaso proviene del verbo fracasar. Éste, a su vez, hace referencia a la frustración (cuando se malogra una pretensión o un proyecto) y al resultado adverso en un negocio. En concreto se considera que dicho término emana del vocablo italiano fracassare que puede traducirse como “estrellarse” o “romperse”."



Frustración, impotencia, fracaso... palabras duras, pero cercanas. A 

todos nos toca transitar alguna de estas situaciones. La diferencia 

reside en cómo las enfrentamos y cómo salimos adelante a pesar  

de ellas. 


Tal vez piensen que esto que escribo es triste, pero no lo es. Intento describir aquellos momentos en que nos sentimos pequeños, indefensos, porque nos hallamos enredados en una maraña de pequeños fracasos, de míseros intentos por sobrevivir.


Nos pasa muchas veces cuando perdemos el rumbo. Cuando planeamos nuestra vida de antemano y en medio de ese gran plan, se interponen otros que no esperábamos. Así, cuando somos pequeños, soñamos con ser cantantes, artistas, astronautas, escritores, modelos, etc... y algo en el camino no nos salió como esperábamos, algo se rompe o se desvía. Terminamos "sirviendo" a aquellos que sí tienen lo que planearon. ¿Y qué pasó? No supimos aferrarnos a nuestros sueños, o estos cambiaron, o no quisimos arriesgar "un buen sueldo" o "un buen matrimonio" (por ejemplo)  para salir a buscar algo mejor. Algo que tal vez no nos diera la misma seguridad, pero que nos trajera inmensas recompensas. Sólo por haberlo intentado. 


Leí alguna vez esta frase de Theodore Roosevelt: "Es duro fracasar, pero es todavía peor no haber intentado nunca triunfar." Y creo que es algo en lo que muchos fallamos. En no intentar, no lanzarnos a buscar eso que tanto anhelamos. En quedarnos en lo "seguro" y no dar el gran salto hacia lo incierto. Si lo pensáramos bien, nos daríamos cuenta que ¡la vida es ahora!, es hoy, es este instante que perdemos lamentándonos de lo que dejamos atrás, de las deudas, de los amores que se fueron, de los amigos que perdimos, de ese auto que no tenemos o la casa tan necesaria. ¿Y vivir?, ¿y el amor?... ¿y ser felices? ¿Para cuándo?.


Proyectar sólo sirve cuando estamos seguros de lo que viene. Pero nadie puede estarlo, el futuro es incierto, el pasado es pasado. El presente es lo único que tenemos para ser dichosos, para crear, para soñar, para amar. Y así, tal vez, cuando miremos para atrás, veremos que logramos todo, aún sin tener nada de lo que alguna vez "necesitamos". 












miércoles, 1 de octubre de 2014

El equilibrista (mi teoría).


He intentado elaborar una teoría que toma cada vez más fuerza en mí. La elaboré a partir de historias que me han llegado, de personas hermosas, valiosas, inteligentes y capaces que han pasado por este tipo de situaciones. 


DOS TIPOS DE EQUILIBRISTAS

Existen, para mí, dos tipos de equilibristas: el primero es el intrépido; aquel que se lanza (después de años de práctica) a hacer sus trucos sin red de seguridad. El segundo es el inseguro: es el que, no importa cuántas veces lo haga correctamente, siempre debe tener una red debajo "por las dudas". 

Del mismo modo, en la vida existen dos tipos de personas: las que se largan con todo, en todos los aspectos de su vida, sin más seguridad que la que poseen por ellos mismos y las que viven con miedo a cada paso. 

En el sentido estricto del amor, los primeros suelen ser decididos. se lanzan sin temor en cada relación. Saben los riesgos, pero no dejan de intentarlo, por más que la caída duela. Los segundos, en cambio, siempre deben tener esa "red" que los sostenga para cuando fracasen en sus relaciones amorosas. 

He visto muchos casos de "equilibristas inseguros" y en todos, (TODOS) la única que sale lastimada es la "red". La red es la persona que oficia de amig@ enamorad@. Generalmente, suelen ser embaucados por el equilibrista, sin siquiera sospecharlo. Piensan que aquel está dispuesto a todo por ellas, creen que puede existir una relación a futuro, han habido besos (o casi); abrazos por demás afectuosos, miradas intensas, palabras confusas. Entre tanto, la red espera paciente mientras aquel inseguro pulula por otros cuerpos. Pasa de relación en relación, (ninguna con nuestra red) mientras sigue aumentando la esperanza en el corazón de la red, la esperanza de que, quizás, en algún futuro, pueda haber algo entre los dos. Pero la palabra "amigos" resuena; firme, implacable. Y la red sigue esperando... 

Hay casos que han seguido de este modo casi enfermizo durante años. Hay redes que se han sumido en la desesperación por no poder estar con su equilibrista. Conformándose con el papel secundario que les tocó. Porque es un papel importante, pero innecesario si se tratase de un equilibrista intrépido. Es una tarea horrorosa y denigrante, que va minando el autoestima de la red, hasta quedar (en el peor de los casos) inhabilitada para volver a amar. 

CONCLUSIÓN Y REFLEXIÓN FINAL

Hay redes que se han despegado de sus equilibristas, que han sabido reaccionar a tiempo, han salido airosas de esta situación y han encontrado nuevos amores. Pero hay otras que por más que intenten siguen ahí, colgadas, esperando que su equilibrista caiga, para atajar sus despojos humanos; para contener, para demostrar que ellas pueden ser más que simples redes, más que "amig@s". Es a ellas a las que les repito: 

"Hasta que no nos amamos a nosotros mismos, no podemos amar a nadie más. Hasta que no aceptamos nuestra soledad, no podemos convivir con soledades ajenas". 

HASTA QUE NO NOS DEMOS CUENTA QUE NUESTRA FELICIDAD DEPENDE DE NOSOTROS Y NO DE ALGUIEN MÁS... NO PODREMOS NUNCA AMAR (Y SER AMADOS)  DE VERDAD.